
Las últimas semanas ha sido de no parar. Entre los decretazos, madrugones legislativos y selecciones dudosas para el tribunal supremo electoral y la corte de cuentas a la sociedad civil le han sobrado razones para estar #IndignadoSV.
Muchísimas personas han apoyado desde sus computadoras o blackberries esta nueva corriente de activismo cibernético-civil, otros lo han podido traducir a manifestaciones pacíficas para defender sus ideales y tratar de presionar al gobierno.
He notado también que se le está reclamando mucho al joven desinterasado e indiferente sobre su poco o nulo involucramiento en todo este coctel de problemas, que bien se podría ir a los penales con Dr. Strangelove de Kubric.
Si bien es cierto que muchos jóvenes prefieren estar jugando farmville y viendo MTV en vez de tomarse un par de minutos para informarse, pensar y opinar, no se les puede exigir no hacerlo.
Un detalle importantísimo de vivir en un país libre es que cada quien decide qué hacer con su vida. Ok, podés motivar, incentivar e invitar a los jóvenes a que se involucren. Esos que están en el margen, los que solo necesitan de un empujón, una invitación o simplemente descubrir que les interesa la realidad nacional atenderán al llamado. Pero no podés reclamarle al que está a gusto en su casa o donde sea y no quiere involucrarse, está en todo su derecho.
No estoy diciendo que no hay que motivar a la gente e invitarla, todo lo contrario; creo que es necesario, si uno está involucrado, ayudar a otros interesados y no tan interesados a involucrarse. Pero así como yo tengo el derecho de involucrarme, así los que definitivamente no quieren hacerlo también están en su derecho. Que las cosas en un futuro puedan salir mal por su falta de interés es otra cosa. Entonces en el futuro, esos que pudieron hacer algo y no lo hicieron no tienen derecho a reclamar sobre su realidad cuando vivan en un mundo donde ni pueden ver MTV porque su gobierno se los prohíbe.
¿No creen?
