“Por afuera pura lata
pero en la calle soy tu tata”. Mensajes como este, y otros hasta más
coloquiales, desfilan tapizados por los buses del país. Pareciera que no solo
en la calle son nuestros “tatas” ya que los señores empresarios del transporte
colectivo (No les gusta que les digan “buseros”) ponen de rodillas al gobierno
cuando quieren. Pareciera que, con la facilidad que tienen de hacer cumplir sus
exigencias, son el cuarto poder del Estado.
La mayoría de la población usa el transporte colectivo (No
público, no es provisto por el Estado) para moverse e ir a trabajar. Un par de
un par de días de paro hace desaparecer esquelas y deudas al mejor estilo de
Harry Potter. Pueden salirse con la suya maltratando al usuario en un remedo de
libre mercado, que en realidad es un sistema viciado creando utilidades a costa
de los impuestos que pagamos y no producto de competencia por un buen servicio.
Que vengan a decir estos “empresarios” que el rubro no es rentable no se lo
crea ni por un segundo, va contra toda lógica comercial operar bajo pérdidas, y
solo por su compromiso y un corazón benevolente.
El problema se puede mitigar. Si lo vemos del lado de los
“empresarios”, el transporte colectivo se presta para que los motoristas o
cobradores se “embolsen” parte de lo que cobran. Un método de cancelación del pasaje por medio
de tarjetas prepago reduce o elimina el manejo de efectivo. Esto limita el robo
interno y facilita focalizar un subsidio hacia la demanda (usted, el usuario) y
no a la oferta (el empresario).
La forma de conducir de los buses ya ha cobrado decenas de
vidas, y es otra preocupación del usuario. Con una “caja única” en la que los
ingresos de todos los buses que circulen en una misma ruta se repartan
proporcionalmente entre los empresarios, se pierde el incentivo de andar
manejando como loco para llegar antes a la parada. Si esto va acompañado de una
política de tarjeta prepago se elimina aún más el incentivo por correr, porque
al motorista no le importa llegar antes si no está manejando efectivo.
Claro que algo así no se hace de la noche a la mañana. La
flota de buses debe modernizarse y para que funcione un sistema de tarjetas
prepago cada bus debe tener su caja automatizada a la que se le debe de dar
mantenimiento. El mercado debe ser más competitivo y transparente, no uno
privilegiado con acceso solo a pocos y figuras políticas. Los procesos de
licitación de rutas de buses deben de ser menos engorrosas. Eso no quiere decir
que sean menos exigentes con requerimientos, es para que ningún empresario se
sienta indispensable y sepa que si sus buses no están cumpliendo, pueden ser
fácilmente reemplazados por otros empresarios dispuestos a cumplir los
requerimientos del servicio.
¿Utópico? Muchas soluciones a los problemas de país lo parecen,
lo que falta es voluntad política. Ya sea por conflicto de intereses u otras
razones, la mayoría de políticos sirven más de freno que de catalizador de
soluciones. Tampoco pretendo poseer la cura infalible a este mal, debe haber
otras maneras. En tiempos donde los políticos solo se echan culpas unos a otros
es preferible proponer que quejarse, o nuestro castigo será verlos hacer lo
mismo.
@GumerV
@GumerV
*Esta columna fue publicada originalmente en La Prensa Gráfica el 3 de Junio de 2012
