Por: Gumercindo Ventura
Twitter: @gumer88
Así como a los católicos nos enseñan los 10 mandamientos, en la (mi) universidad se predica un modelo económico que más que un decálogo pareciera una narración del Consenso de Washington. Y no es que este profese un ‘liberalismo’ puro, pero es como un diamante en bruto, algo con potencial y creado con el fin de cerrar ‘las venas abiertas de América Latina’ causadas por la famosa década perdida de los ochentas.
Estoy seguro que hay muchas personas, de mi generación y otras, que son mucho más letrados en estos temas del intervencionismo vs liberalismo – yo no puedo citar a von Mises. Sin embargo, el tema me ha llamado mucho la atención, pues últimamente como que está de moda autoproclamarse ‘liberal’. Para ponerlo en español, el liberalismo es básicamente la creencia que menos Estado es mejor, que entre menos intervenga éste y más libres estén los mercados, más incentivo hay para que haya eficiencia y menos costo social. La famosa mano invisible de la que hablaba Adam Smith en la “Riqueza de las Naciones” hace que las fuerzas del mercado, Oferta y Demanda, -sí, con mayúsculas- regulen el mercado llevándolo a un equilibrio eficiente. También se piensa que el Estado es ineficiente porque no tiene los incentivos del privado para maximizar utilidades.
¿Y el gobierno qué?
En ese mambo hay unos más aventados que otros; unos quieren cero gobierno, otros que se reduzca a solo garantizar derechos y seguridad física y jurídica.
Yo no sé la respuesta; a mí no me miren que no soy Chicago boy, aunque tenga un poster de Milton Friedman. Lo que sí sé es que el intervencionismo o una ‘ayudita’ del gobierno tampoco es un engendro de Satanás. Leyendo “Basta de Historias” de Andrés Oppenheimer (yo sé que molesto con ese libro pero es tierra fértil para ideas y discusiones, léalo) me pareció interesante lo que hizo Chile para activar el rubro de salmones. Se llevaron a empresarios a Noruega, en ese entonces el mayor productor mundial de salmón, fueron a ver cómo trabajaban ellos e imitaron su modelo para ser eficientes. El gobierno corrió con parte del riesgo del rubro por ser uno virgen subsidiando parte de los créditos para la inversión -subsidios e incentivos fiscales que fueron eliminándose poco a poco- y en cuestión de un par de décadas Chile, junto con Noruega, son los dos mayores productores de salmón del mundo.
Yo no digo que el gobierno tenga que meterse a activar o reactivar todos los rubros de un país, pero en lugares como El Salvador quizá no sería tan dañino -y táchenme de populista- hacerle caso a Keynes y trabajar un poquito en algunos rubros. ¿Cuáles rubros? Educación para empezar.
Otra área es la exclusión por la pobreza; en lugares sumamente excluidos como la comunidad ‘Viuda de Alas’ en El Salvador donde la gente vive en pobreza extrema. Es sumamente difícil para estas personas integrarse a la fuerza laboral porque, por el problema de la delincuencia y al ser vinculados con su zona de vivienda, no se les otorga trabajo por miedo a su posible contacto con el crimen organizado.
¿El mercado va a regular esto?
No lo sé, yo creo que una ayuda mal no cayera. Y sí, puede ser que esta exclusión social sea el hijo bastardo de tanto intervencionismo e irregularidad que se ha manejado en nuestra política mercantilista de las últimas décadas, pero si no se hace nada al respecto, este círculo vicioso seguirá en caída libre. ¿O algunos piensan que no se ha tirado del avión?
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